Mar de Aral

¡Buenos días adictos a las burbujas! ¿Cómo lleváis la semana? Hoy os venimos a contar una historia curiosa pero que esperamos que a la vez sirva de aprendizaje, la historia del Mar de Aral.



Imagínate que vas caminando por el desierto y de repente comienzas a ver que está recubierto de una sustancia blanquecina que, por supuesto, no es nieve. Y entonces ¡pum! aparecen unos cuantos barcos en la arena, muy lejos de la costa. ¿Qué ha pasado? ¿Cómo han llegado ahí?


¿Habéis oído hablar de este mar? Pues quizás no, sobretodo nuestros lectores más jóvenes, puesto que este mar hoy en día no existe. Sí sí, ¡has leído bien! Hasta hace no muchos años era considerado el 4º mar interno de nuestro planeta, pero debido a la acción del ser humano (como no) hoy en día ya no podemos disfrutar de sus aguas.


Este mar interior se encuentra (o encontraba) situado en Asia Central, al norte de Kazajistán y al sur de Uzbekistán, alimentado de los ríos Amu Daria y Sir Daria. Su extensión, de 67.000 km2, sólo era superada por el Mar Caspio, el Lago Superior y el Lago Victoria. Pero esto solo le duró hasta finales de la década de los 80, cuando comenzó a secarse dividiéndose primero en dos masas de agua. Pero, ¿porque ha sucedido esto en tan poco tiempo?



Todo empezó cuando en los años 60, Stalin decidió que las producciones de algodón y arroz que se producían en las cuencas de estos ríos no eran suficientes, y mandó construir por ello unas obras de canalización para irrigar las llanuras y el delta de ambos ríos, multiplicando así su producción. Sin embargo, no fueron unas obras eficientes, y el agua comenzó a perderse por el camino, cantidad que hay que añadir a la necesaria para estos cultivos.


Hay que añadirle también que este aumento de producción hizo que la población en la cuenca del mar se duplicase, aumentando a su vez el consumo diario, lo cual hizo que se desviase anualmente hasta el 90% del caudal de los ríos, dejando solamente un 10% al servicio del Aral. El destino de este mar estaba más que decidido, ¿no creeis?



Supone una catástrofe a nivel medioambiental, dejando atrás buena parte de fauna y flora marina, y además las tormentas de sal que se producen están provocando diversas enfermedades respiratorias, por lo hablar de la tuberculosis y cáncer por los pesticidas utilizados. Vamos, que la población apenas sobrevive debido a la escasez de este bien común. El suelo tiene una toxicidad muy alta, haciendo la vida más difícil que en el propio desierto.



Actualmente se están llevando a cabo planes para la conservación de lo poco que queda del mar, como la reducción de las áreas de cultivo y la irrigación de agua. Pero desde luego estamos muy lejos de poder volver a disfrutar del ecosistema que teníamos hace poco más de 30 años.


¿Que encontraban aquellos que pudieron bucear en sus aguas? Pues en torno a unas 100 especies de peces, como el esturión, la carpa o el barbo, y unas 200 especies de mamíferos terrestres y marinos. Algo que, por desgracia, ya no podremos volver a disfrutar.



Llegados a este punto, aunque solo sea por hoy, debemos ponernos serios. Una vez más queda a la vista la nefasta acción del hombre sobre nuestro planeta. Afortunadamente hoy en día poseemos una mayor conciencia sobre el cuidado de aquello que nos rodea, pero aún nos queda mucho camino para compensar el daño que le hemos infligido.

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